No querrás contarle
Sobre aquella noche en que moría la rutina y daba paso a lo impensado.
Sobre aquellos gritos envueltos en el silencio de tu asombro que clamaban lo inclamable.
No querrás narrarle
Aquellas horas en las que pasaste a ser alma viva, fuego en madera, caos armónico, puro corazón.
No querrás contarle
Cómo el galope de tu palpitar y tu ser estremecido formaban el más bello de los seísmos.
Cómo me sonreías pícaramente y tu suave voz en mi oído me paralizaba.
Cómo ya la luna sentía celos de que tu sonrisa fuese lo más brillante de la noche,
al yo recorrer, estrella por estrella, el firmamento de tu cuerpo.
No querrás contarle
Sobre aquella noche en que te diste cuenta,
Y que yo también me di cuenta,
O más bien, confirmé lo más obvio,
Lo que tus ojos siempre hicieron ver como la verdad más obvia,
A pesar de que tu boca persistió siempre en refutarlo:
Que tú eres mía, sólo mía y más mía que de nadie en este mundo.
Y sé que no vas a decirle nada,
Porque sé que quieres, como yo,
Que esa noche no sea la última.
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