martes, 17 de diciembre de 2013

Twitter

No debería estar escribiendo esto, debería estar durmiendo, tengo que levantarme temprano, pero si no lo hago ahora no lo haré nunca.

Ya en pleno 2013 -casi 2014- vivimos en la era de las redes sociales. Ahorita el turno es de Twitter, el exitoso servicio de microblogging en el que la información y las palabras de todo el mundo están a merced nuestra, y viceversa. Si quieres que algo se sepa, twittéalo, si quieres saber algo, busca un tweet, en fin. Últimamente es su mejor momento, la mayoría usa twitter con frecuencia desde teléfonos inteligentes, y en este apogeo la gente comenta su diario vivir y los sucesos trascendentes al público no escapan de este fenómeno. Últimamente han habido sucesos que han sacudido la red social: muertes, lo más reciente (y que yo he visto) lo de Paul Walker, Mandela, y recientemente casos de suicidios en Miramar, un barrio de la ciudad en la que vivo. Estas situaciones se prestan para comentarios de todo tipo: de admiración, de condolencia, y los más polémicos: de burla. He aquí un resumen de lo que pienso al respecto:
- Es un fenómeno natural. En plena era de la comunicación, la información llega con un simple "refrescar" y la capacidad de hacer comentarios está a 140 caracteres y un botón que dice "Tweet". A eso súmale el morbo de la gente. Es inevitable la reacción de la misma ante las cosas que pasan.
- El 99% de la gente que se burla de dichos sucesos quiere llamar la atención. Ser aceptados. Con tu rabia, les estás ayudando a que lo logren. Porque siempre hay gente que gusta de humor negro y darle publicidad al caso no es muy útil. Lo más probable es que no cambien porque les regañes. 
- Cada persona puede opinar/decir/twittear lo que quiera y no puedes hacer nada al respecto. Sólo dar unfollow o ignorarle. Libre expresión. Esto no es Corea del Norte.
- No hay ninguna diferencia entre burlarse de alguien vivo o de alguien muerto. La única diferencia es que en el primer caso el involucrado puede enterarse y responder. Y que en el segundo, si algún allegado logra leer lo que escribes: ¡Felicidades! Acabas de hacer que alguien que se siente muy mal, ahora se sienta mucho peor.
- Probablemente a los días de la noticia la gente que tanto se entristecía por la misma simplemente se sentirá fastidiada de tanto que la repiten.
- Lo buena o mala que haya sido la persona en vida (ya que es muy difícil dar una definición así de una persona) no es un factor determinante que diga si merece/estará o no sujeta a burlas. Cualquiera lo está.
- La gente que se burla probablemente no recibirá castigo por ello (lo siento si crees en el Karma o en cualquier justicia divina pero así es) pero es obvio que si se burlaran de la muerte de algún allegado suyo, les ofendería a la gran mayoría de ellos.
Y aquí lo más importante:
- Varia gente que se lamenta de los sucesos o que pelea con aquellos que se burlan, es gente que hizo daño/se burló del involucrado mientras éste estuvo en vida. He visto muchos casos así. Más allá de tus conceptos morales hay mucha hipocresía o sinceridad de por medio.

Es un caso bastante difícil. Se seguirá repitiendo, es jodido... uno trata de mantenerse distante a estos fenómenos pero es difícil.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Mal

Una noche tranquila en la que los grillos brillan, las estrellas duermen, las luces cantan, los ojos ajenos permanecen encendidos. La carne sobra. Todo es culpa de la estupidez, es estúpido ser así en un mundo en el que todo armoniza tan bien. Qué lindos son los atardeceres en los que el sol brilla mucho en los rascacielos y hace mucho calor y qué cansancio caminar aunque ya casi voy a llegar y qué fastidio todo pero puedo fastidiarme de todo porque sé a dónde se dirigen mis pasos y si no llego hasta allá no importa porque sé que tuve con quien caminar y pues aunque no llegue donde quiero empiñé a alguien a perder el tiempo conmigo y por lo menos sé que aunque desperdiciamos el camino la desaparición de la carne no implica esa soledad absurda de estar mirando sólo la nada porque nada existe y si nada existe en verdad al menos sé que alguien compartió la fortuna de ver que nada existe y eso es lindo. El problema es ser así y por ser así ya no hay camino y ya no hay con quien quejarse de que el sol brilla mucho en los rascacielos y que aún falta mucho por llegar.

martes, 27 de agosto de 2013

Sobre lo simple

No hay mejor manera(ni otra, diría yo) de empezar un blog que con una entrada de indignación.
Cabe recalcar que este ha de ser el millonésimo blog/red social/etc. que abro y todos parecen tener un destino común: un lento pero paulatino abandono. Y cada nuevo llega con la esperanza de que esta triste secuencia no se repita. Pero ajá, uno cambia, uno deja la maricada.

Se me dio hace días por desempolvar mi viejo portátil, que había caído en desuso porque en un descuido mío le cayó un balde de agua encima y bueno, las consecuencias fueron nefastas, y se me dio por ver un montón de cosas viejas mías. La mayoría de las que uno se arrepiente por lo tonto e infantil que uno puede llegar a ser, y al haber pasado el tiempo y haber cambiado (como es esto inevitable) no se reconoce uno dentro de esa tontez, pero que no deja de ser historia innegable para cada persona. Encontré unos poemas que hice cuando tenía unos doce o trece años. Por alguna razón me gustaron. Nunca me habían gustado.
Y me puse a analizar que me gustaban porque eran muy complejos para la edad que tenía, pero que igual no dejaban de no ser la gran cosa. Están a años luz de cualquiera de los grandes. Y me indigna, porque mucha gente cree que hace poesía hoy en día con tan sólo parafrasear alguna estrofa que suene "linda" (cómo hemos cambiado el significado de las palabras "lindas" sólo porque son palabras que ya no se usan en la cotidianidad).
Siempre leo lo mismo: que para hacer poesía necesitas sentimiento, el corazón y la vaina...por favor. A veces llego hasta a concluir que el sentimiento ha de ser uno de los factores más irrelevantes a la hora de escribir algo. Hay que ser talentoso. Tener métrica, léxico, jugar con versos, rimas, sílabas. Color, matiz. El sentimiento hace de un escrito algo aceptable; ser un maestro en el arte implica muchos factores que poco a poco se han ido desgastando.
Por ejemplo, aquí ilustro un escrito con mucho sentimiento:

Hijueputa, tengo mucha rabia. Mucha tristeza, no lo soporto.
Estoy que salgo a matar gente.
La perra esa malparida me dejó por el otro.
Ojalá le dé sífilis.
Perra.

El sentimiento lo hay, el autor está cegado por su rabia y etcétera. Pero en verdad, hay muchos poemillas que simplemente son un escueto de palabras lindas combinadas, un toque de drama y pues cuando quieres un plato gourmet terminas encontrándote con un corrientazo muy bien hecho que no deja de ser un corrientazo. En contexto más alimenticio y cotidiano.

En ese mismo análisis llegué a otra conclusión aún más desgarradora, y es que no sólo se ve esto en el ámbito de la poesía: estamos hablando del arte en general. El arte contemporáneo.
Un ejemplo muy fácil y que, por qué no se me ocurrió en un principio: la música.
Cada vez más hemos ido redefiniendo el concepto de música como tal. Le llamamos músico a alguien que sólo sabe contratar a un DJ a que le haga unas pistas a las que les va a cantar con AutoTune unas letras mediocremente elaboradas. Y no sólo acá sino en todo el escenario popular, hemos reducido todo esto a un espectáculo de lo mediocre. Es un tema un tanto viejo este...pero entra en discusión.
Dentro del mismo arte gráfico es chocante ver cómo la gente se conforma con llenar con manchas de pintura al azar un cartón paja sin siquiera preocuparse por conocer conceptos del arte abstracto y llamarlo arte puro.

Creo que todo esto va con lo simplista que es la evolución de la sociedad. Cada vez todo parece ser menos complejo, más simple, más cómodo...y aunque no sea necesariamente algo malo, sino todo lo contrario, todo esto ha llevado a lo que parece ser una decadencia del arte. Obviamente aún hay muchos y muy buenos resquicios de gente que se preocupa por sorprender, por innovar, por mantener al público a la expectativa, no sólo enfocarse en el espectáculo sino en la complejidad de lo que desempeñan.